5 consejos para enseñar a tus hijos la cultura del trabajo
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Publicado por ALETEIA el 110926.
Por Guillermo Dellamary.
Desde pequeños puedes enseñar a tus hijos una cultura financiera, de responsabilidad y un sentido de alegrÃa al ver el fruto de nuestro esfuerzo en el trabajo.
Trabajar no significa solamente tener un empleo y recibir un salario. Mucho antes de entrar al mundo laboral, los hijos pueden descubrir que trabajar significa transformar algo mediante el esfuerzo: ordenar lo que estaba desordenado, terminar lo que se comenzó, ayudar a quien lo necesita, producir algo útil, aprender una habilidad o colaborar para que la vida común funcione mejor.
Por eso, enseñar la cultura del trabajo es enseñar también una manera de estar en el mundo. Es ayudar a nuestros hijos a comprender que no hemos venido solamente a recibir, sino también a aportar. Aquà algunos consejos:
1
Enseñar con el ejemplo
La primera escuela del trabajo está en el hogar. Los hijos observan mucho más de lo que escuchan. Si ven a sus padres levantarse, cumplir sus responsabilidades, resolver los problemas y realizar incluso aquello que no siempre resulta fácil, irán comprendiendo que el esfuerzo forma parte natural de la vida.
El ejemplo enseña algo fundamental: no todo lo que vale la pena produce una satisfacción inmediata. Hay tareas que cansan, aburren o incomodan, pero que necesitan hacerse. Lo contrario es acostumbrarse a esperar que alguien más haga las cosas por nosotros.
2
Dar responsabilidades desde pequeños.
Tender la cama, guardar los juguetes, lavar un plato, barrer, acomodar la ropa o ayudar a poner la mesa parecen tareas sencillas, pero contienen una enorme enseñanza.
El hogar no debe ser como un hotel donde unos sirven y otros solamente reciben. Es una pequeña comunidad en la que cada miembro puede contribuir según su edad y sus capacidades. Al participar, el niño descubre que su esfuerzo tiene valor y que también él es responsable del bienestar de todos.
3
Educar en la constancia, no solamente en el entusiasmo
Comenzar algo suele ser fácil. Mantenerlo es más difÃcil.
La cultura del trabajo requiere enseñar a perseverar, es terminar lo que se inició y tolerar la frustración. El talento sin constancia y disciplina pocas veces llega lejos.
Pero también debemos enseñar el equilibrio. Trabajar no significa vivir esclavizados a la productividad. El descanso, el juego, la convivencia, la contemplación y el tiempo libre forman parte de una vida sana.
No queremos formar adictos al trabajo, sino personas capaces de trabajar con responsabilidad y también de descansar sin culpa.
4
Descubrir que trabajar es colaborar
El trabajo adquiere otra dimensión cuando deja de ser exclusivamente algo individual. En una familia, en la escuela, en un equipo o una comunidad podemos preguntarnos: ¿qué hace falta?, ¿en qué puedo ayudar?, ¿qué puedo aportar para que todos estemos mejor?
Asà surge la solidaridad. Trabajar juntos enseña que nuestra capacidad puede ponerse al servicio de otros. Y entonces el esfuerzo deja de ser solamente obligación personal y convertirse también en participación, generosidad y pertenencia. Para un católico, incluso puede convertirse en ofrenda. El trabajo hecho con amor puede ser una forma cotidiana de caridad.
5
Enseñar la relación entre trabajo, dinero y libertad
También necesitamos hablar claramente del dinero. Los hijos deben de aprender que los recursos que sostienen una casa no aparecen mágicamente. Detrás de los alimentos, la ropa, los viajes, la educación y tantos gastos cotidianos ya existen muchas horas de trabajo, responsabilidad y esfuerzo.
Comprenderlo ayuda a valorar el dinero, administrarlo mejor, ahorrar y distinguir entre necesidad y capricho. La verdadera cultura financiera comienza cuando entendemos que la riqueza generalmente se genera produciendo, sirviendo, trabajando y administrando prudentemente lo obtenido.
Enseñar a trabajar es, finalmente, enseñar a crecer. Es mostrar a nuestros hijos la alegrÃa profunda de descubrir que sus manos, su inteligencia y su voluntad pueden transformar el pequeño espacio del mundo en el que viven.
Y quizá allà esté la lección más importante: el trabajo no solamente genera dinero; también nos hace mejores personas. Mientras hacemos nuestra tarea, el esfuerzo también nos va formando nuestro carácter.



