Asà lo leyó, teológicamente, en el siglo XVII, sacerdote diocesano, nacido acá; la reflexión escrita más antigua.
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La Virgen de Guadalupe como la mujer del Apocalipsis: la identificación del teólogo Miguel Sánchez, natural de Nueva España, el siglo XVII
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Cari Filii. (ReL, 12 diciembre 2021).
El primer gran trabajo documental sobre la Virgen de Guadalupe lo escribió en 1648 un sacerdote diocesano, Miguel Sánchez (1596-1674), natural de la Nueva España: Imagen de la Virgen MarÃa, Madre de Dios de Guadalupe, Milagrosamente aparecida en la ciudad de México. Celebrada en su historia, con la profecÃa del capÃtulo 12 del Apocalipsis.
HabÃan pasado más de un siglo desde la aparición en 1531 al indio Juan Diego (canonizado en 2002) y el milagroso estampado de Nuestra Señora en la tilma del devoto indio ante los ojos del obispo fray Juan de Zumárraga.
Sánchez habÃa estudiado en la Universidad de México, a cuyo cuerpo docente quiso incorporarse, sin éxito a pesar de su buena fama como hombre docto y con dotes oratorias y la excelente formación que habÃa evidenciado en teologÃa patrÃstica. Era capellán de la Virgen de los Remedios (la imagen más antigua que se veneraba en el virreinato, traÃda por un soldado de Hernán Cortés) cuando en 1662 le ofrecieron también serlo de la de Guadalupe. Desde entonces y hasta su muerte vivió una vida de oración en un lugar cuya historia original conocÃa también, y de hecho fue enterrado en la basÃlica.
Los Padres en la tradición guadalupana
Como ya indica el tÃtulo de su obra más célebre, este buen sacerdote novohispano hizo algo más que reunir todas las pruebas documentales que fundamentan la devoción a la Virgen de Guadalupe. También llevó a cabo su interpretación teológica -que, en lo sustancial, se ha mentenido- identificando los rasgos de la mujer descrita en Apocalipsis 12 con la hoy patrona de las Américas en base a los escritos de San AgustÃn (cuyas obras conocÃa de memoria) y otros Padres de la Iglesia, otorgando asà un fundamento patrÃstico a la tradición guadalupana.
AsÃ, Sánchez ve el primer versÃculo de dicho capÃtulo del último libro del Nuevo Testamento (“una gran señal apareció en el cielo: una mujer, vestida del sol, con la luna bajo sus pies, una corona de doce estrellas sobre su cabeza”) un perfecto paralelismo con la imagen de Guadalupe: “La túnica es talar, en los claros de rosado muy claro y en los oscuros de carmÃn muy apretado … El manto es de color azul celeste… Está la imagen toda como en nicho o tabernáculo, en medio de un sol, que forma por lo lejos resplandores de color amarillo y naranjado. Está a los pies una media luna… y en su medio recibe todo el cuerpo de la Virgen… La corona real que asienta sobre el manto, con puntos o almenas de oro sobre azul”.
La conquista de América se hizo para ella
Esta interpretación habÃa de servir además a Sánchez para vincular el manto de Juan Diego con el nacimiento de la Iglesia en América, según recordaba recientemente un teólogo norteamericano. Del mismo modo que la Mujer del Apocalipsis tiene “un lugar preparado por Dios para ser allà alimentada” (versÃculo 6), las tierras americanas son ese paraÃso preparado por Dios para su madre: “Nuestra prodigiosa mujer luciendo a un mismo tiempo todas las luces y bajándolas a su tierra quiera fundar en ella un nuevo paraÃso. Desempeño de aquestos piadosos pronósticos sois vos esclarecida señora, MarÃa Virgen y soberana Madre en vuestra imagen milagrosa de Guadalupe”.
Es más, añade Sánchez: “que los conquistadores ganaron esta tierra, hacienda oficio de ángeles, para que ganada y reducida a la fe, la pusiesen en manos de Dios… que la dicha de conquistarse esta tierra, era porque en ella se habÃa de aparecer MarÃa Virgen en su santa imagen de Guadalupe, con que enteramente pudiesen ellos cantar la Victoria”.
El hallazgo teológico de Sánchez
La importancia del libro de Sánchez no es pues, según los estudiosos, sólo que documentase el milagro y la aparición, ni que los interpretase situando a la imagen como patrona de la evangelización que estaba en curso en el continente, sino que hacÃa todo ello desde un exacto y preciso conocimiento de la PatrÃstica, en todo comparable al que por entonces lucÃan los mejores teólogos de Europa, señal del desarrollo cultural que vivÃan entonces las Españas americanas.
Lo cual ha sido visto por algunos autores como un hallazgo universal, en el sentido de aplicar la sabidurÃa de los Padres de la Iglesia no sólo a la interpretación de las Sagradas Escrituras, sino también a la interpretación de las realidades contemporáneas, para intentar descifrar en ellas la Palabra de Dios.
Publicado originariamente en Cari Filii News en enero de 2015
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