León XIV: La fe nos asegura “que nuestro vínculo con los fieles difuntos no se ha interrumpido”
Siguiendo una tradición iniciada por San Juan Pablo II a finales de los años setenta, el Papa León XIV visitó este 2 de noviembre el cementerio del Verano de Roma.
Por Victoria Cardiel·Vatican Bureau
EWTN, 02 de noviembre de 2026.
Siguiendo una tradición iniciada por San Juan Pablo II a finales de los años setenta, el Papa León XIV visitó este 2 de noviembre, jornada en la que la Iglesia Católica conmemora a todos los fieles difuntos, un cementerio fuera del Vaticano para celebrar la Eucaristía y rezar por todos los fallecidos.
“Nos hemos reunido para celebrar la Eucaristía en este lugar de oración y de memoria, de afecto y de esperanza. La ofrecemos en sufragio de los fieles difuntos, en particular de cuantos aquí reposan y de aquellos que cada uno de nosotros lleva en el corazón”, señaló el Pontífice durante la Misa celebrada en la avenida central del cementerio del Verano de Roma.
El altar desde el que presidió la celebración estaba flanqueado por una hilera de tumbas. Situado en el barrio Tiburtino, este camposanto, construido en el siglo XIX durante la época napoleónica, es el segundo cementerio civil más grande de Italia y el mayor de Roma.
El recinto, que incluye una zona destinada a personas no católicas, sufrió graves daños durante el bombardeo aliado sobre Roma en 1943 y fue reconstruido en 1949.
Nada más llegar, León XIV depositó un ramo de rosas blancas y amarillas sobre la lápida de una tumba de mármol elegida al azar, perteneciente a una familia italiana y marcada con el nombre de Antonia Coccia Nicolini.
Durante la homilía, el Pontífice explicó que la conmemoración de los fieles difuntos, celebrada al día siguiente de la Solemnidad de Todos los Santos, orienta la oración de la Iglesia.
“Nos dirigimos al Padre celestial para que la vida de santidad y bienaventuranza de la que ya gozan tantos de sus hijos e hijas envuelva el alma de quienes duermen el sueño de la paz”, afirmó el Papa, que vestía los ornamentos litúrgicos de color morado, símbolo de penitencia, oración y esperanza en la resurrección.
Asimismo, destacó que la fe en Cristo está iluminada “por la Palabra que ha sido proclamada y que fortalece nuestra confianza en las manos de Dios”.
Las Bienaventuranzas, el “autorretrato de Jesús”
A la celebración asistieron unas 1.500 personas, según las cifras que ofreció el Vaticano. Al reflexionar sobre el Evangelio de las Bienaventuranzas proclamado durante la celebración, afirmó que estas constituyen el “autorretrato de Jesús” y muestran el camino hacia una vida plenamente realizada, tanto en esta tierra como en la eternidad.
“El Señor Resucitado nos dice: dichosos quienes viven según este camino, porque de ellos es el Reino de los Cielos”, destacó.
Además, observó que este mensaje adquiere una fuerza particular en un cementerio, al que describió como “un umbral entre este mundo y el más allá”, donde la fe permite contemplar la muerte desde la esperanza de la resurrección.
En este contexto, subrayó que “la fe en Cristo nos dice que nuestro vínculo con los fieles difuntos no se ha interrumpido, sino que se ha transformado”.
“La absurda violencia de la guerra”
El Santo Padre elevó también una oración por los fallecidos y dirigió un llamamiento especial por quienes sufren las consecuencias de los conflictos armados.
En este contexto, pidió que “las lágrimas de tantas madres, de tantos niños y de tantos ancianos” conmuevan la conciencia de quienes tienen el poder de poner fin a las guerras.
Al detenerse en la bienaventuranza “bienaventurados los que lloran, porque serán consolados”, dirigió un recuerdo particular a quienes han perdido recientemente a un ser querido.
“En este momento queremos rezar por quienes han perdido recientemente a un ser querido; en particular, por aquellos a quienes se lo ha arrebatado la absurda violencia de la guerra”, afirmó.
A continuación, lanzó un nuevo llamamiento en favor de la paz: “Que las lágrimas de tantas madres, de tantos niños y de tantos ancianos conmuevan la conciencia de quienes tienen poder para hacer callar las armas”.
La esperanza cristiana ante la muerte
En el octavo centenario de la muerte de San Francisco de Asís, León XIV recordó la alabanza que el santo añadió al Cántico de las Criaturas al acercarse el final de su vida, cuando se refirió a la “hermana muerte corporal” y proclamó dichosos a quienes son encontrados en la voluntad de Dios.
En su homilía, el Pontífice subrayó la esperanza cristiana en la vida eterna y reafirmó que Dios custodia para siempre a quienes han partido de este mundo. Citando el Libro de la Sabiduría, recordó que las almas de los justos están seguras en las manos del Señor y que “ningún tormento los alcanzará”.
El Papa explicó que esta promesa de salvación constituye el núcleo de la oración de la Iglesia en el Día de los Difuntos, cuando los fieles encomiendan a sus seres queridos a la misericordia divina para que alcancen la plena comunión con Dios.
León XIV evocó también las palabras del Apocalipsis, donde se anuncia que Dios habitará para siempre con su pueblo, así como la promesa del Buen Pastor, que asegura que nadie podrá arrebatar a sus ovejas de su mano.
El Papa concluyó su homilía con una referencia al Apocalipsis y a la promesa definitiva de Dios para la humanidad: el día en que “ya no habrá muerte, ni luto, ni llanto ni dolor”, porque todo sufrimiento habrá sido vencido para siempre.
Con esta celebración, León XIV, al igual que hizo el año pasado, retomó una tradición impulsada por San Juan Pablo II, quien visitó este cementerio en doce ocasiones con motivo de la Conmemoración de los Fieles Difuntos. Benedicto XVI también celebró una Misa en la Basílica de San Lorenzo Extramuros, situada junto al camposanto, aunque sin recorrer sus sepulturas.
Por su parte, el Papa Francisco mantuvo la costumbre de celebrar la Misa de los Difuntos en distintos cementerios de Roma durante su pontificado.
Además de la celebración de este lunes, León XIV tiene previsto presidir el próximo jueves 5 de noviembre —un día antes de poner rumbo a su viaje apostólico a Uruguay, Argentina y Perú—, en la Basílica de San Pedro una Misa en sufragio de los cardenales y obispos fallecidos durante este último año.




