A cuatro años del asesinato de jesuitas en México, advierten que “se está jugando la paz del país”
Por David Ramos.
ACIPRENSA, 17 de junio de 2026.
A cuatro años del asesinato de los sacerdotes jesuitas Javier Campos Morales y Joaquín César Mora Salazar en la Sierra Tarahumara de Chihuahua, el P. Jorge Atilano González Candia SJ, director ejecutivo del Diálogo Nacional por la Paz, advirtió que México atraviesa un momento decisivo de cara a las elecciones federales de 2027: “ahorita se está jugando la paz del país”.
En diálogo con ACI Prensa, el sacerdote jesuita explicó que actualmente “se están definiendo o se tienen que definir candidaturas” para los comicios del próximo año, por lo que hizo un llamado “a pensar en gente íntegra”.
El P. González Candia hizo un llamado a que los candidatos “no hagan alianzas que los comprometan en decisiones que tienen que tomar para recuperar la paz del país”.
El Diálogo Nacional por la Paz surgió tras el asesinato —ocurrido el 20 de junio de 2022— de los jesuitas Campos Morales y Mora Salazar, impulsado por la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), la Compañía de Jesús (Jesuitas) México, la Conferencia de Superiores Mayores de Religiosos de México (CIRM) y la Dimensión Episcopal para los Laicos.
Los símbolos “nos hacen sentirnos unidos”
El Diálogo Nacional por la Paz ha convocado a diversos actos simbólicos este 20 y 21 de junio, en el marco del cuarto aniversario del crimen de los jesuitas en Cerocahui, Chihuahua. Entre ellos figuran la colocación de listones y banderines blancos en las puertas de casas, escuelas y centros de trabajo, así como el toque de campanas en las iglesias el sábado a las 3:00 p.m. (hora local).
Asimismo, se ha alentado a colocar el domingo fotografías de personas desaparecidas en los altares de las iglesias durante las celebraciones de la Misa.
El P. González Candia destacó que “los símbolos y los ritos generan el sentido de ‘nosotros’ (…) nos vinculan, nos hacen sentirnos unidos en familia, en comunidad. Hoy necesitamos eso”.
Mientras que “el miedo nos segrega, el miedo nos aísla, nos separa”, dijo el sacerdote jesuita, “los símbolos nos unen, nos articulan, nos hacen sentir que estamos con un mismo llamado, una misma misión, una misma búsqueda”.
“Hay violencias instaladas en la familia”
El director del Diálogo Nacional por la Paz, precisó luego que es común pensar que “la violencia sólo son los conflictos entre los grupos delictivos”, sin embargo “hay violencias instaladas en la familia, en las escuelas, en los barrios, los vecinos, en nuestros modos de convivir, que favorecen que esas violencias se escalen hasta llegar a daños o delitos”.
El “llamado es a construir una cultura de paz” impulsado desde la Iglesia, precisó, “tiene que ver con construir instancias de escucha, instancias de mejor comunicación, de aprender a resolver conflictos, a ponernos de acuerdo, a sabernos organizar”.
A su juicio, cada vez más ciudadanos quieren participar en las decisiones que afectan a sus comunidades e instituciones, y subrayó que desde el diálogo se apunta a “incentivar la participación ciudadana para construir buenas prácticas en seguridad, justicia y tejido social”.
“Se necesita verdad”
Algo también importante, resaltó, es que en México “se necesita verdad”, en información clave, como “¿cuántos son los desaparecidos en México?”.
Según el Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas, México acumula más de 135.000 personas desaparecidas. Diversas organizaciones civiles sostienen que la cifra real podría ser aún mayor.
“Se necesita verdad, se necesita la voluntad política”, insistió el P. González Candia.
Muchos de los desaparecidos, dijo el sacerdote jesuita “están en fosas” sin que puedan ser identificados, por lo que “se necesita la inversión pública para poder identificar esos cuerpos. Por eso hablamos de voluntad política”.
Además, dijo, “se necesita la reparación del daño (…) de lo que se ocasionó a las víctimas”.
El drama de las desapariciones ha tenido un impacto especial en los jóvenes, señaló, pues “hay mucho miedo en la juventud a que los desaparezcan; y no es posible vivir con ese miedo de que no puedas llegar a tu casa después de tu trabajo”.
La Sierra Tarahumara “sigue llena de violencia”
Sobre el caso del asesinato de los dos sacerdotes jesuitas, el P. González Candia dijo que de parte de las autoridades “se hizo la investigación, se identificó al autor”, a quien “el mismo narco decidió asesinarlo”.
José Noriel Portillo, conocido como “el chueco” y señalado de ser el asesino de los jesuitas, fue encontrado sin vida en marzo de 2023.
En el caso de los jesuitas, continuó, “sí vimos una actuación de las instancias de gobierno porque se conozca la verdad y se haga la justicia”. Sin embargo, añadió, “siempre insistimos que la justicia era generar seguridad para el territorio”.
“La Sierra Tarahumara en general sigue llena de violencia, desplazamientos, tala ilegal de árboles, el reclutamiento de jóvenes”, denunció, pero alertó que no es un caso único en el país.
“Nos preocupa lo que sucede en la Tarahumara, pero también lo que está sucediendo en muchos lugares del país, lo que sucede en Guerrero, lo que sucede en Chiapas, en Michoacán. Sí vemos la urgencia de poner los medios para recuperar la paz”, expresó.
Etiquetas: noticias católicas, Violencia en México, Iglesia Católica en México
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NOTA RELACIONADA:
El Vaticano reconoce el martirio de 20 sacerdotes españoles asesinados durante la Guerra Civil
Por Nicolás de Cárdenas.
ACIPRENSA, 18 de junio de 2026.
El Dicasterio para las Causas de los Santos reconoció el martirio del siervo de Dios Juan Torres Torres y 19 compañeros pertenecientes a la Diócesis de Ibiza (España), asesinados por odio a la fe al inicio de la Guerra Civil española en 1936.
Este 18 de junio, el Vaticano publicó el decreto relativo a las virtudes heroicas de la Sierva de Dios Clara Andreu y Malferit, monja monasterio de religiosas jerónimas de San Bartolomé de Inca (Mallorca, España), que vivió entre 1596 y 1628.
La fase diocesana del proceso de beatificación de estos mártires españoles fue abierta en 2008 por Mons. Vicente Juan Segura, Obispo de Ibiza, y clausurada en 2015, cuando la causa fue remitida a la extinta Congregación para las Causas de los Santos, hoy Dicasterio.
El proceso quedó validado en enero de 2017, por lo que se prosiguió con la elaboración de la Positio, el extenso informe en el que se recogen testimonios, detalles de la vida y virtudes de los candidatos y se analizan sus escritos.
Este informe fue aprobado por los Consultores Históricos en 2025 y en 2026 ha sido sometido al examen de los Consultores Teólogos del Dicasterio y los cardenales y obispos miembros del Dicasterio.
Nacido en 1912, el P. Juan Torres Torres fue martirizado a los 25 años, siendo el más joven entre sus compañeros y el primero en entregar la vida a sus asesinos. El mayor era el P. José Tur Bennassar, nacido el 1859 y canónigo de la catedral en el momento de su muerte, acaecida en el castillo de Ibiza el 13 de septiembre, junto a la mayoría de este grupo. La Diócesis de Ibiza celebra en esa fecha la fiesta de estos mártires.
Sor Clara Andreu
Bárbara Andreu Malferit nació el 4 de diciembre de 1596 perdiendo su madre la vida en el parto. Ingresó con 8 años en el Monasterio de San Bartolomé de Inca tomando el nombre de Clara, aunque no profesó como novicia hasta cumplir 10 en 1609. En 1613 realizó su profesión religiosa.
La Real Academia de la Historia destaca en su biografía que ” Llamó la atención por la entrega con que vivió los consejos evangélicos y los preceptos propios de la regla y constituciones de la Orden de San Jerónimo, en todos los cargos y donde la puso la obediencia”.
Asimismo, se detalla que “desarrolló una intensa actividad de consejera de vidas y conciencias de muchas personas” y sufrió numerosas enfermedades. Censurada “por las experiencias espirituales de origen místico que decía tener y que había puesto por escrito” a petición de Mons. Baltasar de Borja, “todo lo sobrellevó con ejemplar resignación y después de una visita especial realizada por el franciscano padre Figuerola, se restituyó la paz espiritual al convento y a la sufrida sor Clara Andreu”.
Fallecida en 1628, “en vista de los favores que obraba a los que a ella se encomendaban, se decidió poner los restos en un sepulcro de la iglesia conventual efectuándose el traslado en septiembre de 1702 y encontrando su cuerpo incorrupto, lo que acrecentó la fama de santidad que tenía en toda la isla” de Mallorca.
En el año 2011 se clausuró la fase diocesana de su proceso, cuyos documentos se enviaron a Roma, donde el Dicasterio para las Causas de los Santos los ha estudiado por tres lustros.
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