A puertas del Mundial, el rostro de México “está teñido de rojo como la sangre”, alerta sacerdote y periodista
Por David Ramos.
ACIPRENSA, 24 de mayo de 2026.
A pocos días del inicio de la Copa Mundial de Fútbol 2026, que tendrá entre sus sedes a tres ciudades mexicanas, un sacerdote y periodista que sigue de cerca la situación de violencia que experimenta México, alertó que el verdadero rostro del país “está teñido de rojo como la sangre”.
La Copa Mundial de Fútbol es organizada cada cuatro años por la Federación Internacional de Fútbol Asociación (FIFA). Este 2026 comparten sedes tres países: México, Estados Unidos y Canadá. En el caso mexicano, se jugarán partidos en la capital, Ciudad de México, así como en Monterrey, en el estado de Nuevo León, y en Guadalajara, Jalisco.
El partido inaugural del campeonato se jugará en Ciudad de México, el 11 de junio: se enfrentarán los once titulares de la selección mexicana contra los de Sudáfrica.
En un video publicado en las redes del Centro Católico Multimedial (CCM), su director, el sacerdote y periodista Omar Sotelo, señaló que a puertas del evento “el régimen busca ofrecer la mejor cara del país, maquillándolo para ocultar su cara demacrada, el rostro herido, los golpes en su faz”.
“Otro es el estado de las cosas, que oculta el dolor y sufrimiento de muchas regiones del país”. dijo, advirtiendo que “el Mundial no llegará a las comunidades indígenas de la Montaña Baja de Guerrero”, estado en el que “la violencia no es noticia sino rutina”.
Ahí, indicó, “desde el 6 de mayo, grupos criminales desataron una oleada de ataques con drones, balaceras y bloqueos carreteros que han dejado, según reportes recientes, al menos 81 asesinados, 25 desaparecidos, además de 1.300 personas desplazadas forzadamente”.
“Familias enteras huyeron, dejando atrás sus casas quemadas, animales muertos y tierras que ya no les pertenecen”, continuó, precisando que “no se trata de un conflicto entre bandas, como lo minimiza el discurso oficial”, sino que “es una guerra territorial por el control de presupuestos públicos, por la extorsión a transportes, mercados y empresas y por los intereses mineros que esconden oro, plata, cobre y zinc bajo la tierra de comunidades [indígenas] nahuas que sólo piden vivir en paz”.
De cara a la violencia, indicó el P. Sotelo, el Estado, “ese que debería garantizar el monopolio de fuerza y legitimidad, brilla por su ausencia. O peor aún, por su presencia cosmética”.
“Autoridades locales y federales instalaron un centro de mando en Chilpancingo”, dijo el sacerdote, con el despliegue de cientos de soldados, guardias nacionales y equipo militar. Sin embargo, recordó que los propios líderes indígenas de la región calificaron el accionar de las autoridades como un “operativo mediático, espectacular y cosmético”.
“Mientras los helicópteros sobrevuelan, los líderes criminales siguen libres, los presidentes municipales amenazados continúan firmando contratos inflados y las carpetas de investigación reposan convenientemente entre los escritorios”, denunció el sacerdote mexicano.
La respuesta de la Iglesia
El P. Sotelo destacó que “frente a esta parálisis institucional, la Iglesia Católica, través de la Diócesis de Chilpancingo-Chilapa y de Cáritas, ha abierto centros de acopio en Chilpancingo, Iguala y Chilapa para recolectar alimentos, ropa, colchonetas, artículos de higiene y medicamentos y acompañar, hasta la medida de sus fuerzas, a todos los que sufren”.
En un comunicado, la Diócesis de Chilpancingo-Chilapa aseguró a mediados de semana que “se han entregado aproximadamente cinco toneladas de víveres, artículos de limpieza, medicamentos y apoyos de primera necesidad para las familias afectadas”.
Para el sacerdote mexicano, el trabajo emprendido bajo el liderazgo de Mons. José de Jesús González Hernández, Obispo de Chilpancingo-Chilapa, “no es puro filantropismo demagógico, es presencia concreta donde el Estado falla para dar estabilidad”.
La intervención de las autoridades mexicanas, dijo, “no pasa de ser un placebo”, pues “sirve para calmar la opinión pública y ganar tiempo, pero no toca las raíces, el control territorial del crimen, la corrupción en los fondos públicos y la ausencia de un verdadero imperio del derecho”.
“Guerrero no pide más operativos de foto”, dijo, sino que “pide que el Estado asuma lo que otros tienen en sus manos, el monopolio de la violencia legítima, la investigación seria de los asesinatos y desapariciones, la recuperación de los presupuestos desviados y la protección real de sus pobladores”.
“El silencio cómplice no construye paz, sólo sepulturas”, expresó. “Y mientras todo aparenta estar preparado para recibir a los miles de visitantes para el Mundial de fútbol, el verdadero rostro de México es este”, dijo, y “está teñido de rojo como la sangre”.
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