Errores de DT ante Foro de Davos

DW verifica el discurso de Trump en el foro de Davos

Monir Ghaedi

Noticia DW, 220126.

En Davos, Trump hizo declaraciones audaces sobre Groenlandia, el gasto de la OTAN y la energía eólica china. DW verifica cómo sus declaraciones contrastan con los registros históricos y los datos actuales.

 

Desde Groenlandia hasta la OTAN y China, el presidente de  Estados Unidos, Donald Trump, hizo varias afirmaciones falsas en el Foro Económico Mundial en Davos. DW verifica las declaraciones clave.

 

Groenlandia, pieza central del discurso de Trump

Trump habló repetidamente sobre la presencia militar estadounidense en Groenlandia durante la Segunda Guerra Mundial, presentándola como un territorio que Estados Unidos alguna vez había “devuelto” a Dinamarca.

 

Afirmación: “Luchamos por Dinamarca. (…) Luchábamos por salvarla. (…) Lo único que Estados Unidos pide es un lugar llamado Groenlandia, donde ya habíamos sido fideicomisarios, pero que respetuosamente devolvimos a Dinamarca poco después de derrotar a los alemanes, los japoneses, los italianos y otros en la Segunda Guerra Mundial. (…) Lo teníamos y se lo devolvimos”.

 

DW Verifica: engañoso

 

Estados Unidos ayudó a defender Groenlandia durante la Segunda Guerra Mundial, pero nunca fue dueño del territorio y, por lo tanto, no podría haberlo “devuelto” a Dinamarca.

 

  1. UU. tampoco libró una campaña militar independiente para liberar o “salvar” a Dinamarca. Cuando la Alemania nazi ocupó Dinamarca en abril de 1940, Groenlandia quedó aislada del gobierno danés en Copenhague.

 

Para evitar que Alemania explotara la ubicación estratégica de Groenlandia y sus minas de criolita (cruciales para la producción de aluminio para aviones), EE. UU. intervino con la aprobación del embajador de Dinamarca en Washington, que actuó independientemente porque Dinamarca estaba bajo ocupación.

 

Estados Unidos   estableció bases militares, estaciones meteorológicas y aeródromos para defender Groenlandia, pero su soberanía legal nunca cambió.

 

Aunque la Wehrmacht alemana operaba una estación meteorológica en Groenlandia y hubo enfrentamientos aislados entre el Ejército alemán y patrullas insulares lideradas por Dinamarca, Groenlandia nunca fue ocupada completamente por la Alemania nazi.

 

Tras la Segunda Guerra Mundial, Groenlandia siguió formando parte del Reino de Dinamarca. La actividad militar estadounidense continuó durante la Guerra Fría, especialmente con la construcción de la Base Espacial Pituffik (anteriormente Base Aérea Thule). Esta presencia se basó en acuerdos de defensa, no en una transferencia de propiedad. En ningún momento la Alemania nazi controló Groenlandia, ni Estados Unidos la adquirió de Alemania.

 

¿No puede Estados Unidos defender Groenlandia sin ser su ‘propietario’?

Afirmación: “Y lo único que pedimos es que nos den Groenlandia, incluyendo el título y la propiedad correctos, porque se necesita la propiedad para defenderla. No se puede defender con un contrato de arrendamiento. En primer lugar, legalmente, no es defendible de esa manera. Totalmente”.

 

DW Verifica: engañoso

 

Estados Unidos ya tiene el mandato de ayudar a defender Groenlandia. Sus acuerdos de defensa se rigen por los acuerdos entre Dinamarca y Estados Unidos, así como por las obligaciones de la OTAN.

 

Groenlandia es parte del Reino de Dinamarca y está protegida por la cláusula de defensa colectiva de la OTAN según el Artículo 5, que establece que un ataque a un miembro se considera un ataque a todos los miembros de la OTAN.

 

Estados Unidos tiene acuerdos bilaterales de defensa con Dinamarca que permiten a sus fuerzas armadas operar en Groenlandia con el consentimiento danés. La propiedad no es un requisito legal para la cooperación en materia de defensa si el Gobierno de ese territorio la consiente.

 

Muchos países, incluido Estados Unidos, operan bases militares en el extranjero bajo contratos de arrendamiento sin reivindicar la propiedad.

 

Según un informe de 2024 del Servicio de Investigación del Congreso de EE. UU., el Departamento de Defensa gestiona o utiliza más de 128 bases extranjeras en al menos 51 países. Un informe de 2021 del Instituto Quincy para una Gestión Responsable del Estado estima que la cifra podría superar las 750 instalaciones en 80 países y territorios.

 

Los ejemplos incluyen importantes bases en Filipinas, donde  Estados Unidos mantuvo bases militares como la Base Aérea Clark y la Base Naval de la Bahía de Subic durante décadas después de la Segunda Guerra Mundial, en virtud de acuerdos de largo plazo, sin infringir la soberanía filipina.

 

Afirmaciones sobre el gasto de la OTAN

Trump repitió las ya conocidas afirmaciones de que Estados Unidos asumirá casi todos los costos de la OTAN.

 

Afirmación: “Hasta que yo llegué”, Estados Unidos “estaba pagando prácticamente el 100 % de la OTAN”, dijo Trump, y agregó: “Pagamos, en mi opinión, el 100 % de la OTAN”.

 

DW Verifica: Falso

 

Las cifras oficiales de la OTAN muestran que, en 2016, el año anterior a la primera toma de posesión de Trump, Estados Unidos representaba poco más del 70 % del gasto total en defensa de todos los miembros de la OTAN. Esto es significativo, pero no llega ni de lejos al 100 %.

 

Estados Unidos también contribuye con alrededor del 22 por ciento del relativamente pequeño presupuesto común de la OTAN, que cubre los costos de las sedes de la alianza y los costos administrativos, y el resto lo pagan otros Estados miembros.

 

Trump también hizo otras declaraciones inexactas sobre la OTAN, entre ellas:

 

Afirmación: “Estados Unidos nunca había recibido nada de la OTAN, a pesar de haber pagado por ello”.

 

DW Verifica: Falso

 

Esta afirmación ignora el apoyo que Estados Unidos recibió de los aliados de la OTAN tras los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001.

 

La cláusula de defensa colectiva prevista en el  artículo 5 del Tratado del Atlántico Norte se activó el 12 de septiembre de 2001, la primera y hasta ahora única vez en la historia de la OTAN.

 

Como resultado, varios países de la OTAN, incluida Alemania, participaron en misiones militares internacionales junto a Estados Unidos, incluidas la Fuerza Internacional de Asistencia para la Seguridad (ISAF), la Operación Libertad Duradera (OEF) y la Misión de Apoyo Decidido en Afganistán.

 

El despliegue de las Fuerzas Armadas alemanas en Afganistán duró alrededor de 20 años y,  según el Gobierno alemán, costó aproximadamente 12.300 millones de euros hasta agosto de 2021. Un total de 60 soldados alemanes perdieron la vida durante la misión, según datos de la Bundeswehr.

 

China y la energía eólica

Afirmación: “China fabrica casi todas las turbinas eólicas. Y, sin embargo, no pude encontrar ningún parque eólico en China”. Trump añadió que China era muy inteligente porque vendía turbinas eólicas a “estúpidos”, sin usarlas en su país.

 

DW Verifica: Falso

 

En términos absolutos, China produce más energía eólica que cualquier otro país del mundo. Según la Administración de Información Energética de Estados Unidos (EIA), China generó 521 gigavatios de energía eólica en 2024, aproximadamente el 40 % de la producción mundial de energía eólica. La EIA señala que China también está expandiendo la energía solar y eólica a un ritmo récord.

 

Sin embargo, China aún está rezagada respecto a algunos países en cuanto a la proporción de energías renovables en su matriz eléctrica. Según Ember Energy, la energía eólica representó alrededor del 12 % de la matriz eléctrica de China en el primer semestre de 2025. En general, las energías renovables representaron alrededor del 23 %, mientras que el carbón representó el 56 %.

 

En comparación, la energía renovable representa alrededor del   64 por ciento de la generación de electricidad en Alemania, y la energía eólica por sí sola contribuye con casi el 27 por ciento.

 

Este es un proyecto colaborativo entre ARD-faktenfinder, BR24 #Faktenfuchs y DW verifica.

 

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NOTA RELACIONADA.

A un año de Trump: Latinoamérica bajo el control de EE. UU.

Mónica Nanjari.

Noticia DW, 220126.

Expertos consultados por DW creen que el nivel de beligerancia del mandatario estadounidense se mantendrá este 2026, aunque los malos resultados políticos en su país podrían frenarlo.

 

El 20 de enero se cumplió el primer año de gobierno de Donald Trump tras su retorno a la Casa Blanca. En ese tiempo, han ocurrido hechos de enorme importancia gracias a sus decretos y políticas, que hoy tienen al mundo en vilo y a Latinoamérica sometida a sus deseos.

 

Parte de las medidas adoptadas por Trump, si no todas, apuntan a mejorar la economía interna de Estados Unidos, bajando la inflación y los precios, porque esa promesa lo llevó a ganar las elecciones. Sin embargo, ese objetivo no se ha concretado.

 

Respaldo interno de Trump, a la baja

La falta de mejoría en la economía interna se ve reflejada en la caída del respaldo que actualmente tiene el presidente estadounidense. “El margen de aprobación de Trump está actualmente cerca del 40 %. Es uno de los niveles más bajos para un presidente, incluso Biden, que fue impopular en la mayoría de su mandato, tenía cerca del 48 o 49 %”, explica a DW Julio Sevilla, analista político y académico de la Universidad de Georgia, Estados Unidos.

 

“A esto se suman los resultados de elecciones locales, como las de gobernatura en Virginia, elecciones de alcalde a nivel nacional, que han resultado con un 10 % más bajo para los republicanos, lo que habla de una mala evaluación interna”, añade.

 

Efectos en América Latina

Desde que regresó a la Casa Blanca, Donald Trump ha enfocado parte importante de su energía en América Latina. Hasta ahora, hemos visto su declarado interés por apropiarse del Canal de Panamá, pasando por las redadas migratorias que afectan en gran medida a centroamericanos y sudamericanos, y su intervención en Venezuela con la extracción de Nicolás Maduro. Trump también se ha dado maña para intervenir en numerosas elecciones en esta región, como lo hizo en Honduras, Argentina y Bolivia, por ejemplo.

 

“Lo que estamos viendo es un Estados Unidos mucho más presente e imponiéndose en la región, siguiendo los intereses del presidente Trump, que hoy son los intereses de Estados Unidos. Se ha desligado de las alianzas y la forma de trabajar de antes, de la colaboración y cercanía entre países de la región”, explica a DW Marco Frieri, analista político estadounidense vinculado al Partido Demócrata.

 

Por su parte, la experta mexicana en geopolítica Stephanie Henaro agrega que “Washington volvió a tratar a América Latina como zona de gestión y dejó atrás el proyecto de integración. El primer año combinó presión comercial y endurecimiento migratorio, con una preferencia por acuerdos bilaterales en lugar de marcos multilaterales. El resultado fue una región más condicionada: cooperación a cambio de alivios puntuales y una relación más volátil, porque depende de cumplimientos inmediatos”.

 

¿Qué podemos esperar en este segundo año?

En este segundo año de gobierno de Trump es difícil augurar qué puede ocurrir, pero los expertos consultados coinciden en que la agresividad del mandatario estadounidense se mantendrá en los mismos niveles.

 

Marco Frieri señala que “lo que sigue para Latinoamérica es lidiar con un Donald Trump mucho más omnipresente, dictando el camino de la región a su manera y sin tomar en cuenta las voces de los países, porque él ya dictó que el hemisferio es de Estados Unidos”.

 

Esa postura es compartida por Julio Sevilla, quien cree que Trump “seguirá beligerante, ya se perdió el decoro de respetar la política interna de cada país, él va a seguir con la misma estrategia, que se alinea con la política del ‘Donroe’, donde Latinoamérica es su patio y puede hacer lo que quiera. Aunque descartaría que tenga interés en apropiarse de otros recursos naturales de América Latina, porque exigirle al Ejército de Estados Unidos tomar toda esa región sería un reto demasiado grande, costaría mucho dinero y quizás vidas estadounidenses. Además, electoralmente, las acciones como las de Venezuela no le ayudan y debe estar preocupado de que los republicanos sigan perdiendo elecciones este año, eso lo puede frenar de cierto modo”.

 

Usar la fuerza o buscar consensos

La guerra arancelaria iniciada por Trump con todos los países fue el comienzo de una ola de medidas que empezaron a socavar el orden mundial y que cuestionan la eficiencia de las instituciones internacionales. La agresión por parte de Estados Unidos contra Irán, el 22 de junio de 2025, los ataques a supuestas narcolanchas en el mar Caribe y la intervención en Venezuela, en clara violación del derecho internacional, hacen que hoy el mundo se divida entre los que apoyan el uso de la fuerza en beneficio propio y los que buscan acuerdos en beneficio mutuo.

 

En la actualidad, lo que ocupa la atención mundial es el interés de Trump por Groenlandia, la isla ártica rica en minerales, tierras raras y petróleo, todos materiales de enorme interés para el presidente estadounidense, que insiste en comprar o anexionar el hoy territorio autónomo de Dinamarca.

 

Para Stephanie Henaro, el escenario actual no implica la desaparición de las instituciones mundiales. “No veo un ‘fin’ súbito, pero sí una degradación del multilateralismo hacia una lógica transaccional, es decir, alianzas que se mantienen si producen beneficios medibles y rápidos. En la OTAN, la tensión no es salirse, sino convertir el compromiso en una factura. En el caso de la ONU y otros organismos internacionales, más que desaparecer, tienden a volverse espacios de regateo o a ser sustituidos por arreglos pequeños, por coaliciones ad hoc. El mundo no se queda sin instituciones, se queda con instituciones más débiles y más politizadas”, dice a DW.

 

“Definitivamente el orden mundial que teníamos después de la Segunda Guerra Mundial, donde Estados Unidos era líder de la democracia, de la libertad, en confluencia con Europa, ya está desapareciendo”, concluye Julio Sevilla, de la Universidad de Georgia. “Estamos frente a un Estados Unidos que vuelve al siglo XIX, colonialista, sin compás moral”.