Sin miedo a las amenazas atómicas de Putin
(DW, 141022).- Ante los éxitos militares de Ucrania y las entregas de armas occidentales, Rusia pronto solo tendrá una opción: la bomba atómica, advierten los expertos. Esta narrativa es incorrecta y peligrosa, sostiene Joscha Weber.
El miedo nos paraliza. El miedo nos debilita. El miedo te impide ver las cosas con claridad. Y nada nos asusta más que la guerra nuclear, con la que el presidente ruso, Vladimir Putin, vuelve a amenazar. Porque eso podrÃa significar nuestra caÃda, el Apocalipsis, el fin.
El miedo existencial por la supervivencia del planeta y de toda la humanidad se puede expresar en cifras: según las encuestas actuales, el 58 por ciento de los estadounidenses teme que Rusia nos encamine hacia una guerra nuclear; en Alemania, el 49 por ciento.
El miedo se ha apoderado desde hace tiempo de polÃticos, militares y expertos. Un ejemplo: el politólogo Gerhard Mangott, experto en temas rusos, de la Universidad de Innsbruck advirtió en la emisora pública Deutschlandfunk que si Ucrania seguÃa ganando territorio y recibiendo moderno armamento de Occidente, a Rusia solo le quedarÃa “la escalada nuclear”, que es “cada vez más probable” si sigue replegándose a la defensiva.
El que cede, pierde
Entonces, ¿qué queda sino querer prevenir lo peor? Si es necesario, haciendo concesiones a Putin, ¿verdad? Pues serÃa la peor de las opciones. Si Occidente cediera al chantaje nuclear de Putin, perderÃa por completo.
Ucrania tendrÃa que aceptar pérdidas territoriales significativas, los paÃses de Europa del Este pondrÃan en duda, con razón, el apoyo de la Unión Europea y los Estados Unidos. Y la OTAN podrÃa tirar directamente a la basura su propia estrategia de disuasión.
En resumen: Putin habrÃa ganado. Y podrÃa usar esas tácticas nuevamente, concluye el historiador estadounidense Timothy Snyder, de la Universidad de Yale, en un artÃculo que no ha pasado desapercibido: “ceder ante el chantaje nuclear no terminará con la guerra convencional en Ucrania. De hecho, harÃa que futuras guerras nucleares sean más probables”.
El miedo siempre es un mal consejero, especialmente en situaciones como esta. Se necesita firmeza, unidad y fuerza para resistir el chantaje de la bomba, si es necesario apelando al arsenal propio.
La disuasión debe ser creÃble y consistente, todo lo demás da aliento a Putin. Esto es lo que sucedió en 2013, cuando el entonces presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, trazó una “lÃnea roja” sobre el uso de armas quÃmicas en Siria, que luego fue cruzada por el gobernante respaldado por Rusia, Bashar al-Assad, sin que Occidente interviniera directamente en el conflicto bélico.
O en 2014, cuando Rusia se anexionó Crimea, en clara violación del derecho internacional, y Occidente se limitó a observar. Es probable que ambos casos hayan animado a Putin a atreverse a dar el paso de atacar a Ucrania.
Moscú tiene mucho que perder
Miedo es exactamente lo que Putin quiere crear con su guerra hÃbrida militar, energética y de desinformación. A pesar de todas las legÃtimas preocupaciones sobre una catástrofe nuclear, es importante mantener la cabeza frÃa. Nos dice, por ejemplo, que Putin amenazó con usar la bomba atómica ya desde el comienzo de la guerra, sin dar luego más pasos para movilizar sus fuerzas nucleares.
Y de ninguna manera es automático que una potencia nuclear acorralada presione el botón rojo. Ni la Unión Soviética ni los Estados Unidos lo hicieron en sus ignominiosas operaciones en Afganistán o Vietnam.
Y también por una razón que a menudo se pasa por alto: un agresor nuclear es automáticamente un perdedor. Ni pudo hacer nada con la zona afectada por la radiación ni le quedarÃan aliados después. China, India y otros paÃses le darÃan la espalda a Rusia, una tendencia que ya es patente. Y también a nivel nacional, tal golpe contra la nación hermana supuestamente liberada de Ucrania podrÃa costarle legitimidad y apoyo al presidente ruso. No se preocupen. No lo va a hacer. Putin mismo tiene mucho que perder.
(lgc/ct)





























