Sagrado Corazón de Jesús: ¿SabÃas que la primera consagración fue para detener una plaga?
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Por: Susan Klemond.
Redacción ACI Prensa/NCR, 190620.
Hace exactamente 300 años, una devastadora plaga en Francia llevó a los pobladores a realizar lo que probablemente fue la primera consagración y adoración pública del Sagrado Corazón de Jesús.
Este año se cumple el tricentenario de la consagración de la diócesis de Marsella (Francia) al Sagrado Corazón de Jesús, asà como el final del brote de peste bubónica en esta ciudad y en Europa occidental.
Por medio del mensaje que Jesús comunicó a la religiosa, Venerable Anne-Madeleine Remuzat, y la obediencia del Obispo de Marsella, Mons. Henri de Belsunce, la peste, que mató a mil personas en la ciudad y sus alrededores en dos años, terminó definitivamente en 1722, después de que los funcionarios de la ciudad finalmente acordaron participar en una procesión por la recién establecida fiesta del Sagrado Corazón.
La Hermana Anne-Madeleine nació en Marsella en 1696. Cuando tenÃa nueve años, recibió el permiso de sus padres para ingresar al monasterio de las Grandes Maries, de la Orden de la Visitación.
La religiosa continuó con la misión de Santa Margarita MarÃa de Alacoque, que promovió la devoción al Sagrado Corazón después de una serie de visiones en las que Cristo se le apareció, pidiéndole que fomentara la devoción a su Sagrado Corazón en reparación por los pecados, la indiferencia y los abusos cometidos contra el SantÃsimo Sacramento.
La Hermana Anne-Madeleine fundó una asociación dedicada al Sagrado Corazón de Jesús para agradecer al Señor por su amor por los hombres y reparar las afrentas que sufrió Cristo durante su vida terrenal y que todavÃa recibe en la EucaristÃa.
La asociación recibió la aprobación del Vaticano en 1717. Al año siguiente, unas 60 personas que se reunieron para adorar en una iglesia local vieron el rostro de Cristo en el sacerdote durante más de media hora. En ese momento, Dios le reveló a la Hermana Anne-Madeleine que si la ciudad de Marsella no se arrepentÃa de su inmoralidad, serÃa castigada.
Además del relajamiento moral de los ciudadanos de Marsella, la herejÃa del jansenismo habÃa echado raÃces en Francia. Según sus defensores, el libre albedrÃo del hombre es incapaz de cualquier bondad moral y señalaban que Cristo murió solo por una pequeña fracción de personas, a los que la gracia se les habÃa dado desde el nacimiento.
En 1713, el Papa Clemente XI condenó los errores jansenistas, pero en Francia algunas personas no aceptaron la condena.
En mayo de 1720, un barco del Medio Oriente trajo la peste bubónica, comenzando la Gran Plaga de Marsella. Más tarde ese verano, con más y más casos de la peste, se estableció una cuarentena alrededor de la ciudad. Las iglesias estaban cerradas. El monasterio de la Hermana Anne-Madeleine se salvó, y su comunidad realizó muchos actos de caridad durante ese tiempo.
A instancias de su superior, la Hermana Anne-Madeleine le pidió a Dios que le enseñara cómo deseaba que se honrara su Sagrado Corazón para que la plaga en Marsella terminara. El Señor le dijo que querÃa una fiesta solemne para honrar su Sagrado Corazón, según indica la abadÃa de Clairval.
Mons. de Belsunce instituyó la fiesta en la Diócesis de Marsella y consagró la ciudad el 1 de noviembre de 1720, probablemente la primera consagración y adoración pública al Sagrado Corazón.
La abadÃa de Clairval señala que a partir de ese momento la enfermedad disminuyó gradualmente. Pero la gente no reformó sus vidas y en 1722 reapareció la plaga. Mons. de Belsunce ordenó procesiones para el Corpus Christi y la nueva fiesta del Sagrado Corazón.
Los concejales de la ciudad de Marsella, que no habÃan asistido a la consagración y a la Misa de 1720, participaron en las procesiones de 1722, según indica Visitation Spirit. La plaga terminó por completo en septiembre.
La venerable Anne-Madeleine Remuzat murió en 1730. Su causa de canonización está abierta.
Traducido y adaptado por Harumi Suzuki. Publicado originalmente en NCR.
Etiquetas: Sagrado Corazón de Jesús, Consagración, adoración, peste





























