León XIV responde las preguntas más difíciles sobre el egoísmo, el suicidio y el perdón
Por Nicolás de Cárdenas.
ACIPRENSA, O9 de junio de 2026.
El Papa León XIV respondió en Barcelona a las inquietudes de tres jóvenes que expresaron sus inquietudes vitales tras ser heridos por el egoísmo, el suicidio y la violencia en un diálogo de impacto lleno de sinceridad, dolor y esperanza.
Durante la vigilia celebrada en el Estadio Olímpico de la Ciudad Condal, en su cuarto día de viaje apostólico a España, el Pontífice respondió preguntas directas, profundas y desgarradoras con voz de pastor, tacto humano y momentos de vibrante intensidad.
Descubrir la vocación en una sociedad egoísta
El primer joven, Ferrán, bautizado durante la última Pascua, pidió al Papa León XIV una orientación sobre cómo mantener la mirada alzada para descubrir la vocación, “cuando la sociedad nos empuja a mirar constantemente hacia el suelo o sólo a nosotros mismos”.
León XIV señaló la importancia de que “numerosos jóvenes y adultos están redescubriendo la fe cristiana”, y expresó que “nuestro deseo de verdad y de felicidad necesita un horizonte más grande. Y esta inquietud es un don que Dios mismo nos ha dado: estamos hechos a medida del infinito”.
En respuesta a la pregunta, León XIV ofreció dos ideas: es necesario cultivar esa sana inquietud y hacerlo en las circunstancias de cada uno.
Respecto de la primera, advirtió que “la idolatría del beneficio y del rendimiento, el afán de tener que producir siempre y ser vencedores, así como el culto a la propia imagen, no son más que anestésicos” para adormecer la conciencia.
Por eso, añadió que quienes se dejan iluminar por el Evangelio “desarrollan también un pensamiento crítico respecto a un sistema social que no pone a la persona en el centro y provoca situaciones de injusticia y de pobreza existenciales a diversos niveles”. Esta capacidad crítica provoca que “la inquietud da miedo, así como el descubrimiento de la interioridad, de la espiritualidad y aún más del Evangelio”, añadió.
En segundo lugar, el Pontífice instó a “cultivar esta inquietud y hacerle espacio” en la realidad concreta de cada uno, creando espacios de silencio, leyendo el Evangelio a diario, hablando con Dios y “tratando de hacer este camino interior junto con otros, dejándonos acompañar en los itinerarios eclesiales y confrontándonos con los sacerdotes, los religiosos, las personas que como nosotros han emprendido este camino”.
Dios no abandona ni quiere el sufrimiento humano
La segunda interpelación corrió a cargo de Carmina, una profesora de educación secundaria que describió cómo la depresión le llevó considerar “la idea de desaparecer” como única salida: “Una noche de viernes perdí la batalla e intenté quitarme la vida”. Sin embargo, prosiguió, “Dios me dio una segunda oportunidad”.
Desde esta experiencia vital, preguntó, ante el imponente silencio de los presentes: “¿Dónde podemos ver a Dios cuando la oscuridad es absoluta y ya no podemos más? ¿Cómo podemos confiar en Dios, cuando parece que nada, ni uno mismo, vale la pena?”.
León XIV, tras una pausa, respondió agradeciendo el esfuerzo de compartir una experiencia de ese calibre: “Te has levantado y has retomado el camino y este es un milagro maravilloso que vemos en muchos personajes del Evangelio”.
El Pontífice destacó la necesidad de “tomar conciencia de cómo la salud mental se ve cada vez más amenazada en el contexto de sociedades que se consideran avanzadas”, lo que constituye “una señal de que hay algo profundamente erróneo” en ellas que somete a las personas “a presiones, expectativas y tensiones que comprometen equilibrios fundamentales”.
A continuación, León XIV miró a las “horas de oscuridad, de angustia y de dolor que vivió Jesús cuando se acercaba la hora de su muerte”, para afirmar que “no se trata sólo de un sufrimiento personal”, sino que el Hijo de Dios asume en su carne toda la angustia, dolor y sufrimiento de la humanidad.
“La cruz de Jesús nos dice que Dios no nos abandona”, prosiguió el Santo Padre, y expresó que “Él sigue crucificado con nosotros en el momento del dolor y de la soledad extrema”. “Cuando Dios parece ausente, debemos confiarle una vez más las cargas que llevamos en el corazón, incluso gritándole a Él”, añadió.
Además, recomendó “abrirnos a alguien que nos ayude a expresar una oración sencilla, que nos acompañe con discreción sin la prisa de explicarnos ese dolor, que nos tome de la mano y nos haga salir de ese grito”.
De esta experiencia alertó contra la tentación de “espiritualizar el dolor”, reduciéndolo superficialmente a la “voluntad de Dios”, porque corre el riesgo de minimizar y silenciar el sufrimiento. “Dios no quiere el sufrimiento, lo lleva con nosotros y nos invita a confiar en Él de modo perseverante”, sentenció.
¿Cómo perdonar a un padre y reconciliarme con Dios?
La tercera joven en interpelar al Papa León XIV fue Desirée, que narró cómo su padre intentó matar a su madre, lo que llevó a su madre a caer en la drogadicción y a ella a un centro de menores donde, poco a poco, se abrió a la fe y se bautizó.
Su historia conmovió hasta las lágrimas a los presentes, que interrumpieron el relato varias veces con aplausos de cariño y apoyo.
En la adolescencia se rebeló contra Dios. Ahora, con una fe renovada tras un retiro, pregunta a Dios: “¿Dónde estabas cuando era una niña?”. Al Papa, le dirigió dos preguntas: ¿Cómo puedo perdonar a mi padre? ¿Cómo puedo reconciliarme de verdad con Dios?
El Papa redirigió la primera cuestión, animando a interrogarnos sobre cómo los hombres somos “prisioneros del mal hasta llegar a ser violentos con los demás” y “no logramos cultivar el amor”, respetando la dignidad y la libertad de los demás.
Tras condenar “un clima envenenado en las relaciones familiares de abusos y opresiones y, en particular, de violencia contra las mujeres”, el Papa León XIV subrayó que “no podemos atribuir a Dios lo que ha sido confiado a nuestra responsabilidad”.
Así, recordó que el ser humano fue dotado por Dios de inteligencia, voluntad, conciencia, dignidad y voluntad y señaló que Dios, sobre todo, “ha venido a nuestro encuentro para indicarnos, en su Hijo Jesucristo, el camino a seguir”, además de darnos al Espíritu Santo.
Por ello, afirmó, las preguntas han de ser dirigidas “a nosotros mismos, a las dinámicas de serrnuestra sociedad, a la cultura del individualismo, a la tentación de la violencia, y no a Dios”.
Respecto del perdón, el Pontífice destacó que es parte de un camino. Por ello, alertó que si se lee el Evangelio “como un libro de indicaciones, de mandamientos y deberes”, se corre el riesgo de “causarnos mucho desánimo y frustración”, al descubrir que no somos capaces del perdón al que nos invita el Señor.
Así, añadió que “el perdón sobre todo debemos invocarlo del Señor” para que “amplíe en nosotros el espacio del amor precisamente allí donde hemos sido heridos” y así, de manera paulatina, “transforme el resentimiento en misericordia y compasión”.
“Es necesario no desanimarse: en el perdón se avanza con pequeños pasos”, pues se trata de algo gradual, que no siempre equivale a volver a la situación anterior “o a vivir una relación plena con quienes nos han herido, especialmente cuando el hecho ha sido marcado también por la violencia”.
Sin embargo, apuntó, sí es posible “permanecer en la buena disposición del corazón hacia la persona, rechazar toda forma de odio o de venganza, esforzarse por reparar la relación en la medida de lo posible y, quizá, rezar por él o por ella”.
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