La visita del Papa a Argelia desafiará la narrativa del “choque de civilizaciones”, afirma experto
Por Victoria Cardiel.
ACIPRENSA, 09 de abril de 2026.
10:24 a. m.
El Papa que se presentó ante el mundo como “hijo de San Agustín” emprenderá el lunes 13 de abril una gira de diez días por África cuya primera etapa será Argelia, tierra natal del ilustre obispo de Hipona.
San Agustín, una de las mentes cristianas más influyentes del primer milenio, nació en el norte de África en el siglo IV y dedicó su vida a una incansable búsqueda de la verdad que culminó con su Bautismo en Milán.
La figura del santo africano ocupa un lugar destacado en el horizonte pastoral de León XIV. “La figura de san Agustín ayuda mucho como puente, porque en Algeria es muy respetado como hijo de la patria”, subrayó el Pontífice durante la rueda de prensa que siguió a su primer viaje a Turquía y Líbano.
Desde hace más de dos décadas, San Agustín viene siendo objeto de una revaloración cultural en el país magrebí. En 2001, Argelia fue sede del encuentro internacional “San Agustín: africanidad y universalidad”, un foro académico que buscó rescatar al Obispo de Hipona como una figura intelectual africana de dimensión universal, más allá de su identificación exclusiva con la tradición cristiana occidental.
François Vayne, periodista argelino de raíces francesas y buen conocedor de la vida cristiana en el país, explicó que aquel congreso marcó un punto de inflexión. “A partir de entonces, San Agustín empezó a ser reconocido como una pieza del patrimonio cultural de Argelia, como un gran pensador, y no solo como una figura religiosa”, señaló.
Durante un encuentro con medios en la Asociación de la Prensa Extranjera en Roma, Vayne afirmó que el viaje del Papa León XIV supondrá un claro desafío a lo que llamó la “tentación del choque de civilizaciones” entre musulmanes y cristianos.
A su juicio, el Pontífice desmontará esa narrativa al mostrar que la amistad entre creyentes de distintas religiones no solo es posible, sino necesaria. “El Papa va totalmente en sentido contrario a esa propaganda, mostrando que se puede ser amigos, aunque no tengamos la misma fe, y que podemos compartir el mismo amor por la humanidad, que nace de nuestra relación con Dios”, afirmó.
Coincide con él el cineasta italo- argelino Rachid Benhadj, director de Mirka (2000) —película que cuenta con actores como Gérard Depardieu y Vanessa Redgrave—, quien subrayó el impacto del viaje del Papa en el diálogo interreligioso: “Es importante que los argelinos puedan escuchar la música del Pontífice, para vivir juntos en África, en Argelia, pero más ampliamente en el continente africano, que puedan vivir juntos entre cristianos y musulmanes”.
San Agustín, vía para romper los “muros de incomprensión”
Además, reseñó que San Agustín muestra el camino para “romper los muros de incomprensión”. “Es que reconocemos a San Agustín, reconocemos indirectamente la fraternidad que puede existir entre cristianos y musulmanes. Yo creo que es una apertura, un renacimiento. Estamos buscando nuevos puentes para poder vivir juntos”, detalló Benhadj.
La agenda del primer día en Argel incluye una visita a la Gran Mezquita de Argel, una de las más grandes del mundo islámico. Se trata de un gesto de fuerte carga simbólica que confirma la apuesta del Papa por el diálogo interreligioso y la diplomacia del encuentro, una línea que ya impulsó en Turquía y Líbano y que se inscribe en la tradición de sus predecesores.
Según Vayne, este enfoque conecta directamente con el legado de San Juan Pablo II, quien convocó en Asís en 1986 el histórico encuentro interreligioso por la paz con participación musulmana. Además, recordó que este año se conmemoran “seis décadas de la declaración conciliar Nostra aetate, documento clave en la apertura de la Iglesia Católica hacia el diálogo con el islam”.
Argelia ha experimentado profundas transformaciones desde 1962, año de su independencia. Vayne, nacido ese mismo año, recordó que su madre eligió su nombre inspirado en San Francisco de Asís y su encuentro con el sultán, como signo de esperanza tras una guerra que fracturó las relaciones entre cristianos y musulmanes. Quería, explicó, permanecer en Argelia para vivir una fraternidad universal marcada por la reconciliación.
Un apostolado de la “bondad”
Siendo joven, Vayne, que actualmente lleva la comunicación de la Orden del Santo Sepulcro en Roma, conoció a los monjes trapenses del monasterio de Tibhirine, asesinados en 1996 tras su secuestro por el Grupo Islámico Armado (GIA), en plena guerra civil. Vivían en una de las regiones más castigadas por la violencia, pero decidieron no abandonar a sus vecinos musulmanes, con quienes compartían la vida cotidiana y el sufrimiento.
“El suyo fue un verdadero apostolado de la bondad”, afirmó el periodista, autor del libro Tibhirine vive: la herencia de los monjes mártires de Argelia. “No quisieron soltar la mano de quienes sufrían, y murieron como tantas otras personas en aquel período, en circunstancias que siguen siendo confusas”, detalló.
Para Vayne, el testimonio de los mártires de Argelia —de cuya muerte se cumplen ahora treinta años— encierra un mensaje clave: “Derramaron su sangre junto a la de los musulmanes”. En esa sangre compartida, subrayó, “se convirtieron en artesanos de paz y ayudaron a curar las heridas de la colonización, dando origen a una Iglesia verdaderamente argelina, libre de ataduras coloniales”.
Estos siete monjes trapenses de Tibhirine fueron beatificados con otros 12 religiosos el 8 de diciembre de 2018 en Orán (Argelia).
La misión de la Iglesia en Argelia, heredera de los monjes de Tibhirine
Su legado se concreta hoy en lo que el periodista denomina el “diálogo de la amistad”, una forma de encuentro silencioso y cotidiano que la Iglesia en Argelia vive día a día, caminando con el pueblo y sosteniéndose en la esperanza que brota de la fe en Dios, una fe que lleva a reconocerse mutuamente como hermanos y hermanas.
Desde 2006, una ordenanza argelina regula estrictamente los lugares de culto no musulmanes y prohíbe el proselitismo. En este marco, la Iglesia Católica ha reafirmado su respeto a las leyes del país. “Acepta ser una Iglesia invitada en un Estado donde el islam es la religión oficial”, explicó Vayne. Su misión, añadió, no es debilitar la fe islámica, sino contribuir a que se exprese como una religión de paz mediante obras concretas.
Una situación similar ya la afrontó el Papa León durante su visita a Turquía en noviembre de 2025, donde acompañó pastoralmente a los católicos sin soliviantar al Estado. En Argelia encontrará dinámicas parecidas, según indicó Livia Passalacqua, experta en el país y doctora en misionología por la Pontificia Universidad Gregoriana, durante un encuentro con periodistas organizado por la Universidad de la Santa Cruz de Roma hace unos meses.
“Es una Iglesia que vive como invitada en la casa del otro”, explicó. “No se trata de oponer verdades, sino de crear relaciones, escuchar y avanzar juntos”.
Esta visión se inspira tanto en San Agustín como en San Carlos de Foucauld, místico francés del siglo XIX que vivió entre los musulmanes tuareg del Sahara argelino. Canonizado en 2022, Foucauld promovió, al igual que los monjes de Tibhirine, una espiritualidad centrada en el testimonio silencioso, la cercanía y los vínculos personales, lejos de cualquier forma de proselitismo.
El viaje del Papa León XIV a Argelia —con 48 millones de habitantes, entre los que se estima que puede haber unos 100.000 cristianos, de ellos unos 7.000 católicos— se perfila así como un potente mensaje de respeto, diálogo y convivencia, en una región donde historia, fe y cultura se entrelazan profundamente.
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