El Papa: José, un soñador que preferÃa hechos concretos más que palabras al viento
Durante la Audiencia General, Francisco continuó el ciclo jubilar sobre «Jesucristo nuestra Esperanza», desarrollando su catequesis sobre la figura del padre putativo de Jesús. Dócil «a la voz del Señor», para con MarÃa actuó sin dejarse avasallar por instintos o temores. Hizo «carne» los deseos de Dios, sin recurrir a «palabras al viento».
Edoardo Giribaldi – Ciudad del Vaticano. VN, 290125.
José, horizonte de los sueños de Dios. «Justo» e intrépido, participó en la historia de la salvación dejando que los hechos hablaran por él, en lugar de inútiles «palabras al viento». Sobre la figura del padre putativo de Jesús, el Papa Francisco entabló la catequesis de la audiencia general de hoy, 29 de enero, en el Aula Pablo VI.
Dejar a un lado instintos y miedos
La reflexión se desarrolla en la estela del ciclo jubilar dedicado a «Jesús, nuestra esperanza», tomando como hilo conductor el Evangelio de Mateo. El texto toma partido por José, «el hombre que asume la paternidad legal de Jesús, injertándolo en el tronco de Jesé y vinculándolo a la promesa hecha a David», explicó Francisco. La figura de Cristo es, de hecho, la del «retoño justo», el cumplimiento perfecto de la «esperanza de Israel». En el contexto de la historia de la salvación, José entra en escena, en el papel de prometido de MarÃa. Un enlace «legal» para la religión judÃa, destinado a la celebración del matrimonio durante el año siguiente.
Durante ese tiempo, José «descubre» el embarazo de MarÃa, viendo «puesto a prueba» su amor por ella. La ley de la época preveÃa dos formas de romper el compromiso: un «acto legal» público, que debÃa realizarse ante los tribunales, o una carta de repudio que debÃa entregarse en privado. José, un hombre «justo», como seguidor de la Ley, «actúa reflexivamente». Deja a un lado instintos y temores, dejándose guiar «por la sabidurÃa divina», separándose de MarÃa «sin clamores», de forma privada.
Ésta es la sabidurÃa de José, que le permite no equivocarse, y de hacerse abierto y dócil a la voz del Señor.
Soñar «el milagro de Dios»
Una predilección por soñar que recuerda al personaje bÃblico del mismo nombre, hijo de Jacob, apodado, no por casualidad, «señor de los sueños». ¿Qué ve durante el sueño el padre putativo de Jesús? Una pregunta a la que Francisco respondió asÃ: «Sueña con el milagro que Dios realiza en la vida de MarÃa, y también con el milagro que él realiza en su propia vida: asumir una paternidad capaz de custodiar, proteger y transmitir una herencia material y espiritual».
El vientre de su esposa está grávido de la promesa de Dios, una promesa que lleva un nombre en el que se da, a todos, la certeza de la salvación.
Confianza sin necesidad de pruebas
«No temas llevar contigo a MarÃa, tu esposa. Porque el niño que ha sido engendrado en ella es del EspÃritu Santo; dará a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados». Esta es la revelación ante la que José no pide «más pruebas», confiando en Dios y aceptando el sueño para él y su prometida. Al hacerlo «entra en la gracia de los que saben vivir la promesa divina con fe, esperanza y amor». El detalle que destaca Francisco es el silencio de José. A las «palabras al viento», prefiere los «hechos concretos». Un signo de pertenencia a aquellos que practican la Palabra de Dios haciéndola «carne», «vida».
Enlazando su pensamiento con el de Benedicto XVI, Francisco describió el «estar interiormente vigilante por Dios» de José como la fuente de su espontánea «obediencia» al plan de Dios. Escuchando sus sueños, el Papa invitó a prestar atención, acogiendo «con responsabilidad al Cristo que, desde el momento del bautismo, vive y crece en nuestras vidas».






























