Bautizados, ante poder injusto, siempre tras la Cruz
Por José A. Salazar Ibarra.
DURANGOS-21. 301025.
Los cristianos somos invitados por el Señor Jesús a que hay que estar siempre dispuestos a asumir la Cruz y a alabar a Dios, no solo “cuando nos nace”, o cuando hay persecución y peligros.
La referencia la hizo Don Faustino Armendáriz Jiménez, Arzobispo de Durango, al comentar las Lecturas de este jueves eucarístico: Rom 8, 31-35 y 37, 39; Sal 108 y Lc 13, 31-35.
Con Cristo, -dice Pablo en la primera-, que murió y resucitó e intercede por nosotros, podemos asumir nuestras cruces serenamente y nada nos aparta de El: tribulaciones, persecuciones, hambre, peligro o espada.
El Apóstol redondea, con el testimonio de su propia vida:
“Ciertamente, de todo esto salimos más que victoriosos, gracias a Aquel que nos ha amado; pues estoy convencido de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los demonios, ni el presente ni el futuro, ni los poderes de este mundo… (nada) podrá apartarnos del amor que nos ha manifestado Dios en Cristo Jesús”.
Del salmo 108, este reportero se queda con el siguiente trozo: Mi boca le dará muchas gracias al Señor, lo alabará en medio de la multitud, porque se puso en favor del pobre (el que sólo en Dios espera) para salvarle la vida de sus jueces.
Lucas 13 nos lleva (versículos 31-35) al momento en que “unos fariseos dijeron a Jesús: vete de aquí, porque Herodes quiere matarte”, a lo que respondió:
“Vayan a decirle a ese zorro que seguiré expulsando demonios y haciendo curaciones hoy y mañana, y que al tercer día terminaré mi obra”…
Y como cualquier otro que se siente poderoso, -complejo que recordó el Pastor duranguense en su homilía de hoy-, Herodes habrá recibido el mensaje, supongo, con ganas de tener cerca a Jesús para cebarse en Él.
Y resultó que al mismo Herodes tocó, instigado por los primeros anticristianos, ordenar la ejecución del Nazareno, como lo había hecho con Juan El Bautista, el más grande los profetas, Precursor de Cristo.
El Poder ciega y mata, ciertamente, y en automático, víctimas y homicidas entramos a la dimensión eterna, infernal o gloriosa, y este temporalito de aparente triunfo pasó como un suspiro, redondeamos nosotros.

























